Aunque aún parezca algo muy sofisticado, su funcionamiento es relativamente sencillo, y se ha instalado por cerca de 2 décadas. Es fácil entender su función, pero para eso debo hacer un breve repaso sobre la operación de los frenos.
Cada vez que se gira el timón, se acelera o frena, el control sobre el vehículo se mantiene gracias al buen agarre que cada llanta tiene sobre la superficie. El sistema ABS -frenos antibloqueo-, impide que las ruedas dejen de girar o se bloqueen (evitan la famosa ”frenada en seco”) ante la máxima fuerza hecha sobre el pedal del freno, para poder corregir o maniobrar con el timón en éstas condiciones; es decir, el ABS ayuda a que, dentro de límites físicos y de adherencia manejables, tengamos el control con el volante así frenemos al máximo. Igualmente el ABS disminuye drásticamente las distancias de frenado en comparación con el mismo automóvil sin el sistema.
La mordaza en rojo, presiona las pastillas contra el disco, gracias a la presión que hace el líquido
En carros sin ABS al frenar al máximo, se bloquean las ruedas (se frena en seco) y mientras esto acontece, el conductor no tiene control alguno sobre la dirección por más que gire el volante; entonces, el accidente es inevitable. Por eso es imperativo, para la seguridad, adquirir vehículos con frenos ABS. Con o sin ABS, la forma de operar de los frenos es la misma.
Cada vez que se oprime el pedal del freno se está empujando un líquido con propiedades específicas, el cual, depositado en un recipiente, es impulsado con la presión necesaria según la fuerza ejercida sobre el pedal, y aumentada proporcionalmente también con el movimiento del mismo, según el tamaño de la bomba principal y sus pistones, así como por los pistones que empujan a las pastillas en los frenos de disco (desde 1 a 8 en los más avanzados deportivos), y el tamaño de los cilindros que empujan las bandas en los de frenos de campana.
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